Club de caballeros es una peripecia teatral de hombres. Hombres rotos.

Cuatro hombres solos se juntan para relatar, desarrollar y resolver sus problemas de “amor”. Tras el panaché tragicómico de sus relatos,  su solidaridad resulta  insólita, hombría jocosa, patética gracejada. No servirá de mucho, seguirán rotos. Rotos de Amor.

Rodríguez, Berlanguita, Artemio y Mudo son cuatro colegas que comparten a la sazón el oficio de  visitadores médicos, trajes imposibles, maletines sorpresivos, muecas de silencio, miradas perdidas, en fin payasos  consuetudinarios de los que pululan por la rúa.

Rodríguez es un líder nato, su mujer le ha cambiado por su profesor de baile. “Tango solitario”. Berlanguita ama a una desconocida y no resuelve sino pagando. “Bolero lánguido”. Artemio es un marido roncador, duerme en la escalera un día sí y otro no. “Corrido desafinado”. Mudo es diez años viudo inconsolable, con gran retranca, y gruñe. Copla sin letra. Estas son las pifias de sus vidas, música incluida.

 

LA UNION HACE LA FUERZA

 

Juntos deciden pues, con mayor o menor empeño,  que se impone un cambio, recuperar la autoestima, arrumbar sus maltrechas vidas. La bravata  solidaria consiste en parecer otros, sucumbir a los vaivenes del aspecto, y como en una bacanal de idiotas en calzoncillos, emulando patrañas feminoides, deciden al unísono: ¡a teñirse el pelo! Y allá van rubios platino, nacarado, salvaje y con vetas, los payasos perdedores  hachos unos títeres descocados. Ya lo avisó Mudo, el hábito no hace al monje, y se estrellan en la incongruencia de su astracanada.

 
TIEMPO

Una noche estrellada, una azotea a 30 o 40 metros de caída libre reúne, ¿casualmente?, a la comparsa rubia y rota.  A Rodríguez no le conoció nadie, ni poniendo cara de él mismo, ni su perra. Berlanguita cruzó la calle,  conoció a la desconocida y huyó. Artemio provocó un patatús garrafal, su mujer en el hospital, demanda de divorcio. Y Mudo, ¡no, eso sí que no!… le llamaron Maricón. A él,  ¡al marido de Eliseo!

Por un momento los payasos, uno a uno, ensayando su caída, vomitan sentimientos fieramente humanos, segundos desgarrados que cortan la respiración. Pero, ¡no hombre no! ¡Ahí abajo esta la vida!  ¡Pizza y Birra!

A GRANDES MALES GRANDES SOLUCIONES

Los visitadores médicos deciden hacer uso de sus prerrogativas. Vodevil médico quirúrgico. Auscultan sus problemas, diagnostican delirantes y recetan: gotas de amnesia para Artemio; jeringazo de realismo para Berlanguita; píldora traqueal para Mudo; supositorio jódete y aguanta para Rodríguez.
Esperar unos días y a ver.

 

DESENLACE

 

Desaparece la máscara, la nariz sobresaliente, la mirada perdida. El payaso deja paso al hombre. No son iguales, ni su problema era el mismo,  cada cual apechugue con lo suyo. Ahora sí que  necesitan comprensión, aceptación y solidaridad. Y claro pues… ¿qué  otra cosa pueden  hacer estos pobres hombres. ¡Coño! pues discutir y discutir y levantar la voz y llorar y reír y  ¡gooooool , gooooooool de brasil. Oehhhh oeoeoehhh…¡

 

POSDATA

 

Mudo descubre carta, Ernesto Mudo, ha recuperado la voz, todo ha sido un juego, palabras puestas de un lado, de otro, haciendo frases, hermosas, raras, cursis. Qué bonita  voz la de Ernesto, ya sin retranca, a las claras diciendo la verdad: Roberto Rodríguez, eres un esquizofrénico sin remedio. Artemio Godoy, escéptico y alcohólico, por lo último roncas ladrón. Sebastián Berlanguita gran amador y gran cobarde ¿y yo… quién soy yo?  Y tú que… ¿eh?